VeriFactu, AI Act, gobernanza de la inteligencia artificial, datos y nuevas oportunidades de digitalización configuran una recta final de año en la que las pymes deberán afrontar las decisiones importantes con mayor previsión.
Agosto tiene una manera particular de modificar la percepción del tiempo dentro de las empresas. Los buzones acumulan respuestas automáticas, muchas reuniones desaparecen del calendario y proyectos que durante junio parecían urgentes entran en una especie de pausa acordada tácitamente.
Durante unas semanas parece que todavía queda mucho año.
La realidad es algo menos cómoda.
Cuando septiembre recupere el ritmo habitual quedarán cuatro meses para cerrar proyectos, preparar presupuestos, revisar sistemas, ejecutar inversiones y tomar decisiones que durante el primer semestre se han ido posponiendo. En el terreno digital, este final de 2026 será especialmente importante porque diversas transformaciones que desde hace tiempo aparecen en las conversaciones empresariales empiezan a adquirir plazos, responsabilidades y consecuencias mucho más concretas.
VeriFactu ya tiene 2027 marcado en el calendario. El grueso del AI Act europeo es aplicable desde este mes de agosto. La protección de datos está incorporando nuevas exigencias derivadas del uso empresarial de la inteligencia artificial. Las normas internacionales como ISO/IEC 42001 empiezan a dar estructura a la gobernanza de la IA. Las empresas están experimentando con agentes inteligentes a una velocidad considerable y, paralelamente, las políticas públicas de digitalización empiezan a orientarse hacia los datos, la interoperabilidad, la automatización y proyectos con mayor madurez tecnológica.
Todo esto está ocurriendo mientras buena parte de las pymes sigue gestionando ERP, CRM, Microsoft 365, Google Workspace, webs corporativas, sistemas de facturación, datos comerciales, herramientas de inteligencia artificial y procesos internos con niveles de integración muy desiguales.Tot això està passant mentre bona part de les pimes continua gestionant ERP, CRM, Microsoft 365, Google Workspace, webs corporatives, sistemes de facturació, dades comercials, eines d’intel·ligència artificial i processos interns amb nivells d’integració molt desiguals.
La recta final de 2026 ofrece, por tanto, una oportunidad especialmente útil: dedicar menos energía a perseguir novedades tecnológicas y más tiempo a preparar la empresa para aquello que ya sabemos que llegará.
VeriFactu 2027: una fecha que conviene empezar a preparar este septiembre
Durante meses, VeriFactu ha ido apareciendo en conversaciones con asesorías, proveedores de software, ERP y departamentos administrativos. Los aplazamientos han generado cierta sensación de distancia, pero el calendario actual ya sitúa la adaptación de los sistemas informáticos de facturación en una ventana lo bastante cercana como para que las empresas empiecen a trabajar en ella con normalidad.
Las entidades sujetas al Impuesto sobre Sociedades deberán tener adaptados sus sistemas antes del 1 de enero de 2027. Para el resto de obligados tributarios, el plazo llegará el 1 de julio de 2027.
Este margen es valioso precisamente porque permite evitar una implantación precipitada.
VeriFactu afecta al sistema de facturación, pero las implicaciones empresariales pueden ir más allá. En muchas pymes, la facturación está conectada con el ERP, con procesos administrativos, con datos de clientes, con contabilidad, con gestorías externas, con integraciones específicas y, en algunos casos, con desarrollos que llevan años funcionando sin haber sido revisados en profundidad.
Preparar la adaptación significa identificar qué software emite facturas, qué versiones están instaladas, quién es su proveedor, qué integraciones existen, cómo se generan los registros y qué cambios pueden afectar a los procesos internos.
Este es precisamente el tipo de proyecto que se beneficia de unos meses de previsión.
Cuando una empresa llega al cambio normativo con los sistemas inventariados, los proveedores identificados y los procesos revisados, la implantación se convierte en una evolución ordenada. Cuando esta revisión llega tarde, cualquier incompatibilidad puede acabar convirtiéndose en una urgencia administrativa.
Entre septiembre y diciembre hay tiempo suficiente para realizar un diagnóstico, hablar con los proveedores y construir un plan de adaptación que permita entrar en 2027 con mucha más tranquilidad.
El AI Act ya forma parte del presente.
Hay otra fecha que este verano probablemente ha pasado más desapercibida entre vacaciones, calor y desconexión.
El 2 de agosto de 2026 entró en aplicación una parte muy significativa del AI Act europeo, incluidas las nuevas obligaciones de transparencia previstas para determinados sistemas de inteligencia artificial.
Esta regulación representa un cambio importante porque la conversación empresarial sobre IA entra definitivamente en una fase de madurez.
Durante los últimos dos años, muchas organizaciones han experimentado con ChatGPT, Microsoft Copilot, Gemini, herramientas de generación de contenido, transcripción de reuniones, automatizaciones inteligentes y asistentes integrados en aplicaciones empresariales. En muchos casos, esta adopción ha nacido de la iniciativa individual de los profesionales y ha ido creciendo antes de que existiera una política corporativa clara.
El resultado es una realidad muy habitual: dentro de una misma empresa pueden convivir varios servicios de IA, cuentas personales y corporativas, documentos cargados en plataformas diferentes, automatizaciones creadas por distintos equipos y criterios muy desiguales sobre qué información se puede compartir.
Este escenario ya merece una conversación a nivel de dirección.
Gobernar la IA implica saber qué sistemas se utilizan, con qué finalidad, qué datos procesan, quién es responsable de ellos, qué resultados requieren supervisión humana y qué riesgos pueden aparecer en cada caso.
También implica entender las nuevas obligaciones de transparencia. En determinadas situaciones, el usuario deberá saber que está interactuando con un sistema de inteligencia artificial, mientras que determinados contenidos generados o manipulados artificialmente deberán poder identificarse de acuerdo con los criterios establecidos por el marco europeo.
Para una pyme, esta transición no requiere necesariamente crear un departamento jurídico especializado en inteligencia artificial. Requiere empezar a poner orden.
El compliance de IA empieza con un inventario
Una empresa difícilmente puede gobernar una tecnología que desconoce que está utilizando.
Por ello, una de las primeras tareas que muchas organizaciones deberían plantearse durante esta recta final de año es elaborar un inventario interno de usos de inteligencia artificial.
Este inventario puede ser sencillo. Debe permitir saber qué herramientas utilizan los equipos, qué funciones cubren, qué tipo de información reciben, si procesan datos personales o información confidencial y quién supervisa el resultado.
A partir de aquí se puede construir una política interna realista.
Una política que explique qué herramientas están autorizadas, qué información puede introducirse, qué usos requieren supervisión, cómo deben gestionarse los datos personales, qué tareas se pueden automatizar y qué decisiones deben seguir contando con intervención humana.
La propia Agencia Española de Protección de Datos está profundizando durante este 2026 en esta cuestión. Sus publicaciones recientes han abordado la inteligencia artificial agéntica, la gestión de la IA generativa y, este verano, la exactitud, la idoneidad y la calidad de los datos personales utilizados en tratamientos con IA.
Este último punto es especialmente relevante.
La expansión de la inteligencia artificial ha generado una enorme fascinación por las capacidades de los modelos, mientras que dentro de las empresas sigue existiendo un problema mucho anterior: la calidad de la información.
Un asistente puede ser extraordinariamente avanzado y seguir trabajando sobre una base de datos comercial desactualizada. Un sistema de análisis puede generar resultados sofisticados sobre un ERP mal alimentado. Una automatización puede ejecutar muy rápidamente un proceso que lleva años sin que nadie lo revise.
La gobernanza de la IA empieza, en buena parte, por la gobernanza de los datos.
ISO/IEC 42001 y una forma más madura de entender la inteligencia artificial
En este contexto, ISO/IEC 42001 adquiere un interés especial.
Es la primera norma internacional de sistemas de gestión específicamente orientada a la inteligencia artificial y proporciona una estructura para que las organizaciones puedan gestionar sus políticas, responsabilidades, riesgos, procesos y mejora continua.
Su importancia para las pymes no debería interpretarse exclusivamente desde la perspectiva de la certificación.
Muchas empresas probablemente no necesitarán certificarse a corto plazo. Sin embargo, la lógica de la norma ofrece un marco muy útil para ordenar una realidad que a menudo ha crecido de forma espontánea.
Inventariar sistemas de IA, asignar responsables, identificar riesgos, establecer criterios de supervisión, documentar procesos y revisar periódicamente su impacto son prácticas perfectamente asumibles para una pyme.
Esta estructura también ayuda a preparar la organización para un futuro en el que clientes, grandes cuentas, administraciones y cadenas de proveedores pueden empezar a exigir mayores garantías sobre el uso de la inteligencia artificial.
La misma evolución que vivimos con la protección de datos o con determinados estándares de ciberseguridad puede empezar a aparecer en el ámbito de la IA: las empresas que puedan explicar cómo gobiernan la tecnología transmitirán más confianza que aquellas que simplemente afirmen que la utilizan.
Las empresas quieren IA, pero todavía necesitan desarrollar capacidades
Los datos del sector confirman esta tensión.
Un análisis publicado este julio por la Asociación Española de Empresas de Consultoría señala que seis de cada diez organizaciones españolas aspiran a alcanzar el máximo nivel de madurez en inteligencia artificial durante 2026, mientras que actualmente solo un 23 % considera haber alcanzado ese nivel.
Al mismo tiempo, el 81 % ya está invirtiendo en agentes de IA y un 67 % reconoce que todavía no dispone del talento necesario para ejecutar adecuadamente la transformación.
Estas cifras explican muy bien el momento actual.
La tecnología avanza más rápidamente que la capacidad de muchas organizaciones para integrarla en procesos estables.
Esta distancia entre disponibilidad tecnológica y madurez empresarial es probablemente uno de los grandes ámbitos de trabajo de la consultoría TIC durante los próximos años.
El proyecto relevante ya no consiste simplemente en activar una licencia de IA. Consiste en entender dónde puede aportar retorno, qué datos necesita, cómo encaja en el proceso, qué responsabilidad asume cada persona y cómo se miden los resultados.
En Esolvo consideramos especialmente importante esta perspectiva porque evita convertir la IA en una sucesión interminable de pruebas que generan novedad, pero poco impacto.
Las ayudas también entran en una nueva etapa
La vuelta de vacaciones también es un buen momento para revisar las oportunidades públicas de digitalización.
El Kit Digital ha sido durante los últimos años la gran referencia para miles de pymes y autónomos, pero actualmente no existe una nueva convocatoria general equivalente a las grandes convocatorias anteriores que permita afirmar que el programa se ha reabierto de forma generalizada.
El mapa de ayudas, sin embargo, sigue evolucionando.
Red.es está impulsando el programa Kit Espacios de Datos, orientado a facilitar que las empresas se incorporen a entornos de compartición de datos. Esta orientación es significativa porque muestra hacia dónde se dirige una parte de la política pública de digitalización: más interoperabilidad, más datos y proyectos tecnológicos con un mayor nivel de madurez.
A escala territorial tenemos, además, una oportunidad muy concreta.
La Cámara de Comercio de Girona abrió este verano la convocatoria Pyme Digital 2026, destinada a pequeñas y medianas empresas de las demarcaciones de las cámaras de Girona, Palamós y Sant Feliu de Guíxols. El programa combina asesoramiento y apoyo económico para proyectos de transformación digital.
Este tipo de iniciativas son especialmente interesantes cuando la ayuda forma parte de un proyecto con una necesidad empresarial bien definida.
La subvención puede acelerar una decisión, pero el valor aparece cuando esa inversión resuelve una fricción real: una gestión documental deficiente, un proceso comercial desconectado, una infraestructura poco segura, una necesidad de automatización, una falta de visibilidad sobre los datos o una arquitectura digital que ha ido creciendo sin un plan global.
Septiembre es un buen momento para hacer inventario
La recta final del año no necesita empezar con una gran transformación.
Puede empezar con un buen diagnóstico. Si la dirección dispone de indicadores fiables. Si los proyectos digitales previstos para 2026 han avanzado o simplemente se han ido acumulando.
Esta fotografía es mucho más valiosa de lo que parece.
Permite convertir septiembre en un punto de decisión y llegar al presupuesto de 2027 sabiendo qué necesita realmente la empresa.
También permite priorizar.
Una pyme difícilmente puede abordar VeriFactu, IA, ciberseguridad, automatización, cloud, datos, ERP, CRM y marketing al mismo tiempo. Tampoco lo necesita. Lo que necesita es saber qué secuencia tiene sentido para su negocio.
Aquí es donde la consultoría aporta una función esencial: convertir una lista de tecnologías en una hoja de ruta empresarial.
El papel de Esolvo en esta recta final de año
En Esolvo afrontamos esta segunda parte de 2026 con una mirada especialmente orientada a esta necesidad de orden.
Acompañamos a las pymes en la revisión de su ecosistema tecnológico, en la preparación de VeriFactu, en la optimización de entornos Microsoft 365 y Google Workspace, en proyectos de ciberseguridad, en automatización de procesos, en arquitectura de datos y en la adopción responsable de inteligencia artificial.
La gobernanza de la IA ganará un peso especial.
Para muchas empresas, el primer paso será entender qué está ocurriendo ya dentro de la organización y construir una política asumible que proteja la información, defina responsabilidades y permita seguir innovando con seguridad.
También seguiremos ayudando a las pymes a identificar programas de apoyo y ayudas que encajen con proyectos reales de transformación digital, especialmente dentro del ecosistema empresarial de Girona y Cataluña.
Nuestro criterio para abordar estos proyectos es sencillo: empezar por el negocio, entender el proceso, ordenar la tecnología y medir el impacto.
El final de 2026 ofrece tiempo suficiente para hacer bien este trabajo.
Una reflexión para la vuelta de vacaciones
Septiembre suele llegar cargado de voluntad.
Nuevos proyectos, reuniones pendientes, presupuestos, objetivos comerciales y esa sensación de que el último tramo del año puede compensar todo aquello que durante los meses anteriores ha avanzado más lentamente de lo previsto.
En digitalización, esta energía será especialmente útil si va acompañada de criterio.
Conocemos las fechas de VeriFactu.
Conocemos ya una parte muy importante de las obligaciones europeas en materia de inteligencia artificial.
Disponemos de normas que nos ayudan a estructurar su gobernanza.
Sabemos que los datos siguen siendo una debilidad en muchas organizaciones.
Sabemos que la automatización y los agentes de IA seguirán avanzando.
Y tenemos programas que pueden ayudar a financiar determinados proyectos.
Por tanto, tenemos una oportunidad poco habitual: anticiparnos.
Los cuatro meses que quedan hasta final de año pueden servir para convertir obligaciones futuras en proyectos planificados, ordenar la IA antes de que su adopción sea aún más extensa y preparar un 2027 con una arquitectura digital más clara.
Esta es probablemente una de las mejores inversiones que puede hacer una pyme en esta recta final de año.
Llegar a enero sabiendo qué tiene, qué necesita y hacia dónde quiere avanzar.
Con menos improvisación.
Con más criterio.
Y con una tecnología que trabaje cada vez más a favor del negocio.


